Estoy escribiendo desde un lugar hermoso en medio de la nada. Una casita acogedora con personas hermosas que tienen en su patio trasero un swamp. Mientas escuchaba los pajaron cantar afuera porque es lo unico que se escucha y a mis hijos llamandome porque necesitan algo de vez en cuando, leia un libro: Uno en un millon se llama. Me di cuenta que Dios me ha estado llevando al desierto, estoy ahi en el desierto. Ciertamente en este preciso instante estoy en un oasis, pero apenas regrese a mi casa regreso al desierto... Mi desierto tiene que ver con el ministerio, las responsabilidades, mi inabilidad para balancear mi familia, mis estudios y mi ministerio, la vida de las chicas a las que amo, sus decisiones, sus familias, sus necesidades. Mi hijo y sus problemas de comportamiento, cuando estoy en la casa, sola, siento que es tan grande la responsabilidad y me suento tan impotente para poder ayudarlo...me siento frustrada, cansada, agotada, enojada.
No quiero estar en el desierto, Dios, no quiero. No me gusta este desierto. Sácame del desierto por favor. Soy tan débil, realmente no puedo con esto Señor, no lo entiendes?
Sigo en el desierto, estoy en un oasis pero todavía en el desierto y no puedo escapar. Quisiera, ohh cuánto quisiera, pero no puedo. Mis hijos me necesitan, mi esposo tambien, esto es lo que Dios me ha llamado a ser, el ministerio con las chicas y todas las demás responsabilidades que de sólo pensarlo me quedo exhausta. Es que realmente Dios no me conoce? ¿No sabe Dios que realmente no puedo ni quiero esto?
Pero El si sabe por supuesto, El QUIERE que yo pase por el desierto aunque me tome 40 años, y yo no lo quiero pensar y siento que no lo puedo soportar.
Cuando los israelitas llegan a las aguas de Mara dice el libro que mencioné antes, se llevan una gran desilusión al ver que las aguas de Mara eran amargas, no las podían tomar. Yo escojo, Dios me ha puesto aquí, este es el camino que ha escogido para mí, estas son las chicas que Dios ha puesto en mi vida para que discipule, este es mi hijo con este problema de comportamiento que Dios me ha dado, estos son los problemas financieros con los que mi esposo y yo lidiamos, intentando gastar cada mes menos en el super mercado, viendo cuáles son las cosas más importantes que tenemos que pagar y que las otras se queden por ahí. Esta es mi vida, este es mi camino, ahora, y puedo dejar que la amargura entre en mi corazón, puedo dejar que las aguas amargas de Mara me inunden y su veneno envenenen mi corazón...
Y mientras pensaba en esto, tambien pensaba en mis resoluciones de año nuevo: quiero parar para respirar y darle gracias a El, quiero jugar y reír más a menudo. Y no he hecho estas cosas lo suficiente este año, me he enojado, he llorado, me he quejado, me he peleado, me he cansado...pero no he parado para respirar, jugado o reído lo suficiente. ¿Porqué? Por que estaba abriendole una parte a la amargura, porque es más fácil estar enojada y amargada que confiar en Dios, porque le he pedido ayuda, le he pedido que me enseñe la salida y no la veo. Y me enojo, háblame Señor.
Y mientras quiero ver la salida, mientras quiero saber cómo salir del desierto, Dios me recuerda que El sólo quiere mostrarme el árbol, ese que puede quitar la amargura de las aguas de mi corazón, porque lo necesito, porque no soy tan buena, ni tan perfecta como me gustaría pensar, porque sin El mi vida no tiene sentido y que es precisamente por eso que quiere que yo siga en el desierto para que yo lo conozca, he pedido conocerlo por tanto tiempo, y he aquí El me tiene en el desierto para que yo lo conozca, y mientras estoy en el desierto y lo voy conociendo tambien veo mi pobreza, mi desnudez, mi necesidad y entonces me humillo y le ruego: Señor si este es el camino por el que quieres que vaya, héme aquí, mi vida es tuya, llévame donde tú quieras, pero no me sueltes.
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