jueves, 28 de junio de 2012

Sintiendo

¿Porqué será que sentir es tan difícil?

Es más fácil imitar a los caracoles que usan una capa gruesa para protegerse o simplemente actuar como si todo estuviera bien.

En mi caso, me he dado cuenta que trato de racionalizar mis sentimientos y las situaciones para no aceptar como realmente me siento, poniendo mis sentimientos a un lado e ignorarlos.

Hace poco entré en una depresión, todo me abrumaba, hasta la tarea más simple y sencilla.  Desde levantarme, hacer los quehaceres en la casa y cuidar a mis niños, todo parecía una tarea imposible, demasiado grande para mí.

Una amiga me ayudó a ver que mi vida había cambiado mucho en el último año y que aunque no habían sido cambios dramáticos o alguna tragedia, había perdido cosas, había perdido personas y no había tenido el tiempo ni me había dado permiso para tener un duelo.

Pero no quería sentir, no quería aceptar que estas pequeñas pérdidas y situaciones me afectaran, prefería minimizarlas y racionalizarlas, porque después de todo, somos seres racionales y podemos entender las cosas, mejor que entendemos los sentimientos.

Al intentar sentir, sentí dolor, sentí soledad, sentí enojo, sentí tristeza y lo peor de todo era que ahi por supuesto estaba Dios, en mi tiempo de duelo y dolor conmigo, abrazándome y diciédome: quiero ser tu gozo, quiero que te deleites en mí y en nada o nadie más.

Me dí cuenta entonces de mi pecado, el haber puesto a personas en un lugar donde podían quitarme el gozo, cómo es eso posible? Yo soy una mujer de Dios, yo soy una líder, yo quiero mostrar el amor de Dios, yo quiero hablar de Jesús, pero aún así soy pecadora.  Al intentar ignorar estos sentimientos estaba tambien ignorando la voz amorosa de Dios que quería mostrarme mi pecado, quería mostrarme el camino mejor.

Un camino donde no importa la circunstancia o cuánto cambie mi vida en un momento determinado o a quién pierdo en el camino, la principal razón de mi gozo debe ser él.

Es que cuando no siento, no sólo estoy tapando mis sentimientos, estoy tambien tapando algo que Dios me quiere enseñar, estoy silenciando su voz, diciéndome que hay algo que está mal, algo que debo cambiar.  Nuestros mecanismos de defensa son en realidad inútiles cuando caminamos con Dios, no nos sirven para nada, sólo para mantenernos a un nivel diferente del de Dios y de los demás.

Puedo seguir viviendo, pretendiendo que todo está bien, poniéndome una máscara o puedo afrontar la verdad, aceptar que sólo soy un ser humano, que siento, que sufro aún por pequeñas cosas y darle esos sentimientos a Dios, estoy segura que él puede hacer mucho más con ellos que yo...

"Deleitate así mismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón"

miércoles, 20 de junio de 2012

La mujer samaritana

Compartí hoy con unas chicas madres adolescentes mi historia y la historia de la mujer samaritana en Juan 4.  Que historia más fuerte! Encontré que esta mujer y yo tenemos mucho en común, ella iba a recoger el agua cuando casi nadie más lo hacía, la hora sexta, que en nuestro tiempo es el medio día. Todas la mujeres lo hacían en la mañana o cuando el sol se iba a poner.  Ella esperaba a que no hubiera nadie para salir. ¿Qué estaba escondiendo?  ¿Estaba escondiendo algo? ¿Cómo podría una mujer de su época sentirse al haber tenido 5 maridos y vivir juntada con un sexto? ¿Era ella marginada por una sociedad "religiosa"?

Muchas veces me sentí marginada por los "cristianos".  Ellos podían ver las marcas de mi pecado pero no sabían lo que había en mi corazón. Yo, quería esconder la pobreza que había dentro de mí, la inestabilidad que sentía, lo triste y sóla que estaba, porque no quería reconocer que necesitaba a Dios.  Al igual que la mujer samaritana había escuchado de Jesús mucho tiempo, ese salvador, el mesías del que otros hablaban.  Algunas veces le hablaba, otras leía de él en la Biblia pero realmente no le conocía.  No había yo probado de su agua viva.

Y teniendo mucha "sed" busqué agua en los lugares equivocados, cualquier lugar donde no estuviera Dios.

"El que bebere de esta agua volverá a tener sed (hablando del agua del pozo), pero el que bebiere del agua que yo le ofrezco no tendrá sed jamás"  Le dijo Jesús a la mujer.

Las chicas todas me dijeron que querían del agua, que necesitaban el agua viva desesperadamente, pero sus vidas son un caos, ellas son producto de un mundo en el que reina Satanás, ellas son el resultado del pecado de otros y ellas mismas siguen tomando malas desiciones, siguen sin darle el control de sus vidas a Cristo.

Les enfaticé hoy, no hay NADA, NADA, NADA que podamos hacer para quitarnos la sed, yo no puedo hacer nada para quitar mi pecado, no puedo hacer nada para "agradar" a Dios por mí misma.  Es sólo por Jesús, es su preciosa sangre que fué derramada por ésta mujer samaritana que no sabía que hablaba con el hijo de Dios. Fué por mí que rechazé la sangre de Jesús, que menosprecié el regalo de la gracia y que le dí la espalda a quien más me amó.  La sangre derramada tambien por las chicas a quienes les sirvo y a quienes he sido llamada a amar, esas que siguen tomando malas desiciones, ellas que no quieren darle por completo el control de sus vidas a Dios, son pobres, algunas huérfanas, han sido abusadas física, mental y sexualmente en la mayoría de los casos.  Ellas tienen hijos, que tambien sufren por las desiciones de sus mamás.

Aveces me pregunto si vale la pena, invertir tiempo en ellas, compartirles del amor de Dios una y otra y otra vez, si está bien que descuide en algunos momentos a mis hijos por serviles a ellas, que lleve a mis hijos a sus realidades, sucias, olorosas y pobres.  Y entonces el Espíritu Santo me da "cachetazos" y me muestra a la mujer samaritana, a la pecadora, una igual que yo. Y me muestra a Dios, dándolo todo por ella y por mí, a pesar de mi terquedad, a pesar de mi enojo. No se dejó ni un poquito para él, todo todo me lo dió a mí. Yo, que era pobre, estaba desnuda, sucia y olorosa tambien, entonces todo se hace visiblemente claro, si él me amó de esa manera, cómo puedo yo cuestionar ese llamado de amar a otros de la misma manera en la que él me amó.  Yo fuí lo suficiente valiosa para él como para entregarlo todo, él todo lo dió por amor a mí, y por amor a ellas tambien.

"El que no escatimó ni a su propio hijo sino que lo dió por todos nosotros, ¿cómo no nos dará tambien con él todas las cosas?"  Rom 8:32