miércoles, 20 de junio de 2012

La mujer samaritana

Compartí hoy con unas chicas madres adolescentes mi historia y la historia de la mujer samaritana en Juan 4.  Que historia más fuerte! Encontré que esta mujer y yo tenemos mucho en común, ella iba a recoger el agua cuando casi nadie más lo hacía, la hora sexta, que en nuestro tiempo es el medio día. Todas la mujeres lo hacían en la mañana o cuando el sol se iba a poner.  Ella esperaba a que no hubiera nadie para salir. ¿Qué estaba escondiendo?  ¿Estaba escondiendo algo? ¿Cómo podría una mujer de su época sentirse al haber tenido 5 maridos y vivir juntada con un sexto? ¿Era ella marginada por una sociedad "religiosa"?

Muchas veces me sentí marginada por los "cristianos".  Ellos podían ver las marcas de mi pecado pero no sabían lo que había en mi corazón. Yo, quería esconder la pobreza que había dentro de mí, la inestabilidad que sentía, lo triste y sóla que estaba, porque no quería reconocer que necesitaba a Dios.  Al igual que la mujer samaritana había escuchado de Jesús mucho tiempo, ese salvador, el mesías del que otros hablaban.  Algunas veces le hablaba, otras leía de él en la Biblia pero realmente no le conocía.  No había yo probado de su agua viva.

Y teniendo mucha "sed" busqué agua en los lugares equivocados, cualquier lugar donde no estuviera Dios.

"El que bebere de esta agua volverá a tener sed (hablando del agua del pozo), pero el que bebiere del agua que yo le ofrezco no tendrá sed jamás"  Le dijo Jesús a la mujer.

Las chicas todas me dijeron que querían del agua, que necesitaban el agua viva desesperadamente, pero sus vidas son un caos, ellas son producto de un mundo en el que reina Satanás, ellas son el resultado del pecado de otros y ellas mismas siguen tomando malas desiciones, siguen sin darle el control de sus vidas a Cristo.

Les enfaticé hoy, no hay NADA, NADA, NADA que podamos hacer para quitarnos la sed, yo no puedo hacer nada para quitar mi pecado, no puedo hacer nada para "agradar" a Dios por mí misma.  Es sólo por Jesús, es su preciosa sangre que fué derramada por ésta mujer samaritana que no sabía que hablaba con el hijo de Dios. Fué por mí que rechazé la sangre de Jesús, que menosprecié el regalo de la gracia y que le dí la espalda a quien más me amó.  La sangre derramada tambien por las chicas a quienes les sirvo y a quienes he sido llamada a amar, esas que siguen tomando malas desiciones, ellas que no quieren darle por completo el control de sus vidas a Dios, son pobres, algunas huérfanas, han sido abusadas física, mental y sexualmente en la mayoría de los casos.  Ellas tienen hijos, que tambien sufren por las desiciones de sus mamás.

Aveces me pregunto si vale la pena, invertir tiempo en ellas, compartirles del amor de Dios una y otra y otra vez, si está bien que descuide en algunos momentos a mis hijos por serviles a ellas, que lleve a mis hijos a sus realidades, sucias, olorosas y pobres.  Y entonces el Espíritu Santo me da "cachetazos" y me muestra a la mujer samaritana, a la pecadora, una igual que yo. Y me muestra a Dios, dándolo todo por ella y por mí, a pesar de mi terquedad, a pesar de mi enojo. No se dejó ni un poquito para él, todo todo me lo dió a mí. Yo, que era pobre, estaba desnuda, sucia y olorosa tambien, entonces todo se hace visiblemente claro, si él me amó de esa manera, cómo puedo yo cuestionar ese llamado de amar a otros de la misma manera en la que él me amó.  Yo fuí lo suficiente valiosa para él como para entregarlo todo, él todo lo dió por amor a mí, y por amor a ellas tambien.

"El que no escatimó ni a su propio hijo sino que lo dió por todos nosotros, ¿cómo no nos dará tambien con él todas las cosas?"  Rom 8:32

No hay comentarios:

Publicar un comentario